miércoles, 17 de junio de 2015

Si me preguntas

Si me preguntas quien soy, te diré que habito en el cuerpo de una isleña en una ciudad sin mar. 
Que soy más de abrazos que de besos, y eso que batí records besando labios en el Citroën aparcado en una noche de Madrid.
Comparto un pasado gris con muchos secretos, la mayoría inconfesables y travestidos de verdades que nunca me llegué a creer, pero al igual que Manuela, yo también creo en la reinserción. 
Activista defensora de utopías y soñadora de imposibles, a veces siento que no termino de encajar, que nado a contracorriente.
Cuando era una niña tenía tantas ganas de tener una mascota que llegué a pedir una gallina, como si la negativa estuviera reñida con la especie. Hoy vivo en casa de dos gatos.
Entre mis grandes descubrimientos infantiles destaca que tras las finales de fútbol el deporte no desapareció, y ya más crecidita que las tortugas no se mueren si les das la vuelta, que existen puertos sin mar... 
La palabra amistad lleva el nombre de mis incondicionales, siempre a pesar de los aviones, y la palabra amor empieza por A y termina en mi espalda, fijada con tinta hasta el infinito. 
No soy muy buena planificándome y peco de procrastinación pero si algo me gusta no paro hasta ser la mejor. 
Licenciada en Comunicación Audiovisual, apunto de ser estudiante de Derecho, formadora en una multinacional y en conclusión, aprendiz de todo y maestra de nada. 
He tenido parejas y amantes, me he drogado y emborrachado; he sido infiel y he mentido y así he conseguido ser víctima de mis propios engaños.
He estado en Francia, Holanda, Bélgica, Luxemburgo, Inglaterra, Italia, Alemania, Marruecos, EEUU, Portugal y casi toda España. Un mapa mundi viste la pared de mi habitación para recordarme donde he estado, a donde quiero ir, lo grande que es el mundo y lo pequeña que soy yo.
Siempre he pensado que la vida te coloca en un punto de partida al azar y que el resto de la carrera depende de uno mismo, que somos dueños de nuestros actos y responsables de nuestro camino, aunque a veces vivir en un mundo injusto me ha dado cosas que no merecía. 
Siento especial orgullo por mi familia, por la diversidad que nos representa y los puntos en común que nos unen, también a pesar de los aviones. 
Optimista y positiva, meláncolica y solitaria a la vez, cargo el peso de la culpa y los recuerdos; pago las facturas del olvido y le echo un pulso a la memoria más veces de las que mi cuerpo es capaz de soportar.
Ya no busco respuestas en otros cuerpos porque he aprendido a respirar la calma de una piel que no me ata, vivir el amor como la suma de unos y no directamente como un pack indivisible de dos. Y así he encontrado a mi otra mitad, aquella que me completa. 
No soporto la pasividad, el conformismo ni la gente que se calla por comodidad. Embajadora de las causas perdidas, abogada del diablo, prepotente y soberbia en los debates, es difícil sacarme de mis casillas. Pero no imposible.
Me gusta salir a correr, encontrar rincones y hacerlos mios, escuchar música en el metro y la palabra "pinchudo". Echo de menos el mar.
Soy cada pregunta que no me hago, cada respuesta que no me llena, cada inquietud que me perturba, los secretos que me guardo. Soy los abrazos que no me dieron, los besos que desgastaron labios, las miradas llenas de te quieros y las disculpas que nunca llegaron.
Soy mis errores y mis ganas de aciertos.
Hoy me encuentro en proceso de ser la mejor versión de mi misma. 


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