lunes, 3 de septiembre de 2012

Dos palabras

Temblorosa, insegura y titubeante, ELLA la miró fijamente con unos ojos tan tristes que empequeñecían el alma. En ese momento y como por arte de magia, el mundo se paró, dejó de girar y el tiempo se detuvo como si aquel reloj sin pilas hubiese empezado a funcionar. ELLA formuló tan solo dos palabras. Dos únicas palabras que quedaron suspendidas, ingrávidas, en una atmósfera ya viciada por los humos de la desesperanza. Se miraron y los ojos tristes de ELLA no contagiaron sus ojos firmes que trataban de transmitir seguridad y calma. Era una seguridad real y una calma algo fingida, pero era lo mejor que podía ofrecer ante la terrible amenaza de deshacerse en lágrimas... Ella, que no era ELLA, sino la otra, la que aguantaba con ojos firmes su mirada de desesperanza, la abrazó con el corazón. Le explicó que el monstruo de su armario, el que la visitaba mientras dormía y la asustaba, ya no estaba! Y mientras se inventaba historias para ELLA, no puedo evitar sentirse ese monstruo y creerse a sí misma la única responsable de su desesperanza... Envolvió las dos palabras con papel de comprensión y se las guardó en el bolsillo del respeto. Luego, le ofreció un pañuelo con besos para secarse las lágrimas que ELLA aceptó con una sonrisa; sonrisa que ella, la que no es ELLA, aprovechó para guardarse en el bolso de la esperanza. 

Se querían bien, de buenas formas, con un amor que escasea capaz de renunciarse si se corrompe; un amor que no es cobarde pero no lucha hasta destruirse. Se querían bien, y como se querían, siguieron adelante.

Las agujas del reloj volvieron a hacer tic-tac.