- Hola. Quería denunciar un robo.
- Dígame de qué se trata, señorita.
- Pues verá... Ella me ha robado. Se ha llevado el pedazo de cuello que era mío y el huesito que sobresalía de la cadera. El del lado izquierdo si no recuerdo mal.
- ¿Está segura? Es una acusación muy grave.
- Completamente. Se marchó y se los llevó con ella, agente.
- ¿Echa en falta algo más?
- Sí, una caja de sonrisas de emergencia y dos bolsas de alegría que guardaba para los días impares.
- He tomado nota de todo, en cuanto tengamos noticias nos pondremos en contacto con usted.
- Muchas gracias, agente. Dense prisa.
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