Tardé en asimilar que eras mas de rencor que de esperanza; me costó masticar la culpa, despedazar las palabras y guardar los gritos para mis entrañas.
Tardé en descubrir que te hiciste dueña de la desesperanza y hoy sigo sin saber perdonarte tu sin perdón tajante.
Tardé en descubrir que te hiciste dueña de la desesperanza y hoy sigo sin saber perdonarte tu sin perdón tajante.
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