viernes, 16 de septiembre de 2011

La pequeña muerte

No nos da risa el amor cuando llega a lo más hondo de su viaje, a lo más alto de su vuelo: en lo más hondo, en lo más alto, nos arranca gemidos y quejidos, voces de dolor, aunque sea jubiloso dolor, lo que pensándolo bien nada tiene de raro, porque nacer es una alegría que duele.
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza.
Pequeña muerte, la llaman; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.


Eduardo Galeano

No me cansaré jamás de leerlo

jueves, 15 de septiembre de 2011

Sin perdón

Tardé en asimilar que eras mas de rencor que de esperanza; me costó masticar la culpa, despedazar las palabras y guardar los gritos para mis entrañas.
Tardé en descubrir que te hiciste dueña de la desesperanza y hoy sigo sin saber perdonarte tu sin perdón tajante.

martes, 6 de septiembre de 2011

El espejo

Mañana haré el que espero que sea mi último examen de la carrera y lejos de estar preocupada de que tal vez eso no sea así, no puedo evitar pensar en estos últimos cinco años. Si lo hago durante mucho tiempo, las ganas de terminar desaparecen y solo se queda el deseo de alargarlo. Llegué a Madrid hace 5 años, todos mis recuerdos están ligados a la Universidad de una manera u otra. Pienso en mi primera semana de clase y sonrío al recordar el por qué no pise la facultad; Sara y Clari vinieron a verme, a darme la mejor de las bienvenidas a la nueva ciudad, y me lamento de que Laura fuera tan desastre como para perder el avión que la reuniría alli con nosotras. Pienso en la primera persona a la que conocí esos primeros dias y de la que me enamoré; en Martita y en Diana, "esas chicas tan majas que siempre saludan y no se como se llaman" y en Cris, que venía a buscarme a casa cuando me dio por destrozarme los tobillos. ¿Cómo no pensar en el final con nostalgia? Imposible olvidar las clases soporíferas de Aumente y la histeria contagiada ante las convocatorias de Karen que iban pasando, una tras otra... Las tardes de estudio en la biblioteca más ruidosa del mundo, las napolitanas de chocolate de la cafeteria y la terrible estampa del camarero inmenso que rociaba cualquier plato con su grasa. Los cortos, las escasas prácticas... La Universidad ha sido el enlace de muchas amistades: Alber, el amigo de las niñas, mi marido, compañero de piso y gran amigo. Rubén, La Usur, el Pequeño Javi, Paulen, Tam, Piki, Andrea... compañeros de viaje.
Se que muchos se arrepienten de haber estudiado la carrera, que piensan que perdieron el tiempo, que un módulo o dos habría sido mejor, y yo sin embargo no cambiaría por nada la decisión que tomé hace 5 años, porque a pesar de las pocas prácticas, la excesiva teoría, las desfasadas instalaciones y la necesidad de renovar a una plantilla de profesores del pleistoceno, lo que yo he aprendido en ese enorme edificio de hormigón de estilo brutalista no cabe en ningún libro. Tengo la suerte de haber vivido la mejor experiencia de mi vida, la más satisfactoria y enriquecedora hasta el momento, y me siento afortunada y orgullosa por ello.
Hoy miro atrás y sonrío; se que tiene que acabar. Me llevo puesto todo lo aprendido.
Hoy me miro en el espejo y se que no soy la misma.