miércoles, 18 de mayo de 2011

Crónica del 16m (por Marta Serrano)

Yo era una ciudadana normal, de esas que no se meten mucho en política, aunque puede pasar horas hablando de ella. De esas que arreglan el mundo con sus amigos en un bar, pero al final nunca va a las manifestaciones. Vamos, una de esas ciudadanas conformadas con el sistema. La vida y las circunstancias me han ido despertando del letargo, me he ido hartando de ver cómo se vulneraban mis derechos, cómo me pisoteaban, cómo se estaban riendo de mí. Sí, de mí. Porque antes asumía que otros estaban peor, pero ahora me he dado cuenta de que en el fondo, todos estamos igual de jodidos.

Así que tras un lento despertar llegué a la asamblea de las 16.00 en Sol. Sola. Y me encantó comprobar cómo se estaba organizando. Todo el mundo podía hablar, todo el mundo escuchaba, y si salía un tema complicado, se debatía. Yo, que como os he dicho era nueva en ese tipo de cosas, no salía de mi asombro. En cuanto se pidieron voluntarios para una comisión, me apunté, claro, ¿qué otra cosa podía hacer? Me puse a trabajar enseguida, había muchísimas cosas que hacer, era la de Infraestructuras, y a esas horas ya era grande el alijo de cosas que la gente había ido trayendo, comida, agua, mantas… Lo primero que montamos fue una carpa que nos trajo un conocido cómico al que reconocí, pero que no se presentó como tal. Luego montamos otra más grande, luego construimos una ampliación con una lona, luego otra… Yo mientras tanto acabé en Alimentación. No os podéis imaginar la cantidad de gente que se pasó por allí para traer cosas. De todo. DE TODO. Gente de todas las edades, de todos los colores, ancianas que te agradecían el haberles devuelto la ilusión, personas que intentaban darnos dinero y que cuando les explicábamos que habíamos decidido no aceptarlo, se iban corriendo al supermercado a comprar lo que consideraran necesario. Y de repente, unas chicas llegaron con un camión de macarrones, otras con cus-cus, otros se ofrecían a fregar lo que hiciera falta en su casa. La solidaridad que allí se respiraba es lo más bonito que he sentido en mi vida. Y la cantidad de gente que acudió a la asamblea de las 20.00h… Eso estaba a rebosar y todo el mundo que quiso pudo hablar, se prolongó durante horas, tantas que no ya no se celebró la asamblea de las 00.00h

Yo mientras tanto, seguía en mi cocina con otros compañeros, que como yo, habían llegado allí solos. Que me parece muy significativo. Estamos tan hartos, que nos da igual que nadie nos acompañe, hay cosas que hay que hacer, sí o sí.

Había tantísima gente que se terminó la comida que nos habían traído cocinada y empezamos a sacar los bocadillos. También se terminaron, pero todavía nos quedaba pan y un montón de embutido, así que esperamos que terminaran los compis de otras comisiones y empezamos a preparar bocatas. A las 4 de la mañana todavía seguía haciendo bocadillos de queso para los que iban llegando con cuentagotas. En la misma mesa, un conocido actor apoyaba el movimiento. Se fue él, casi todo el mundo dormía, se fue la última cámara, insisto, se fue la última cámara, y entonces, llegaron ellos.

Una lechera, dos, tres, cuatro, cinco. Y los antidisturbios eran ahora los que tomaban la plaza. Teníamos que irnos, así, sin más, pero no estábamos dispuestos. Así que opusimos resistencia. Como somos muy violentos, nos quedamos sentados en el suelo. Y entonces es cuando de verdad empecé a alucinar.

Personas sentadas en el suelo, abrazadas unas a otras y la policía, atacando. Empujones, estirones, algunas que otra patada, algún porrazo, supongo. Hasta que nos hicieron desalojar. Algunos nos quedamos desmontado el chiringuito, por el que debo decir, no mostraron ningún respeto. Para ello, todo se podía tirar. Las cosas de las personas que nos estaban apoyando, la ilusión recobrada de esa anciana, la fuerza del pueblo… todo debía acabar en la basura. Mientras tanto, en la calle Preciados, sentada pacífica.

Cuando conteniéndome las lagrimas, terminamos de recoger y nos unimos a ellos, resultó que los amigos estaban esperando a que nos reuniéramos, porque enseguida empezaron a atacar. Yo misma me llevé algún empujón que hasta entonces había conseguido eludir. No podéis imaginaros lo que es ver la calle llena de gente sentada con las manos en alto cantado No a la Violencia, Estas son nuestras armas, etc., mientras los azules se ponen sus cascos antidisturbios y afilan, todavía más si cabe, su mirada. Y así, a empujón limpio, entre otras lindezas, se llevaron a los congregados calle arriba. Otra vez, me quedé recogiendo las cosas, que si por ellos hubiera sido, hubiesen acabado en la basura. Metimos todo en un portal y nos fuimos a buscar ayuda. Al principio estábamos otro chico y yo, luego encontramos a 2 más; luego un grupito de 6; luego aparecieron los dueños de algunas de las cosas que habíamos guardado. Y cuando conseguimos abrir el portal otra vez, nos fuimos al lugar donde se estaba celebrando la asamblea.

Allí se habló de todo, otra vez viví una sensación de solidaridad inigualable, un sentimiento de causa, una unión. Allí cada uno éramos de su madre y de su padre, pero todos estábamos juntos. Obviamente, había discrepancias, pero para eso son las asambleas, ¿no? Allí fue donde se decidió, que hoy, otra vez, a las 20.00h, tomaríamos Sol y vamos a llegar tan lejos como podamos. Porque ahora mismo, nosotros somos la noticia, Sol es donde miran los ojos de todo el planeta, porque hemos asumido la responsabilidad. Esto no hay quien lo pare.

Nunca antes en estos 25 años de vida me he sentido tan viva como ayer; nunca, en todo este tiempo, estar en un sitio ha sido tan importante. Por eso, a todas os pido que hagáis lo mismo que nosotros y que a las 20.00h estéis en Sol, en Sant Jaume, en el Torico, en la plaza que sea. Unidos, podemos.

A mi no me da igual from Marta Serrano on Vimeo.

Se acabó. Estamos hartos de que nos tomen el pelo.

Esta noche, a las 20h y una noche más, todos a Sol.

A mi tampoco me da igual.


lunes, 16 de mayo de 2011

Mario Benedetti escribió...

De un tiempo a esta parte
el infinito
se ha encogido
peligrosamente.


Tanto, que cabe en mi piel.
Igual que tú.